Marly III

Marly III

Voy a escribir un camino de guirnaldas, de orquídeas, de nenúfares. Un camino con mis flores favoritas, para que vengas, sin regreso, siempre. En mi sangre atornillaré tu recuerdo, tu risa, en mi sangre que es mi patria, extrañaré el calor de tu cuerpo, el aroma de tu alma, la música de tu pensamiento. Te extrañaré más cuando te tengo, mientras te hago el amor. Duplicará la ausencia el sudor y seremos tristes y plenos a un tiemplo, deshilachadas ofrendas en el templo del placer. Esculpiré los gemidos y a ese hueco entre tu sexo y mi sexo le llamaremos muerte, le llamaremos anacronía.

Voy a hacer estallar la luz en tu espalda baja.

Voy a escribir las calles que nos atan, voy a escribir los callejones en que podemos encontrarnos para que así quede nuestro beso atrapado en el tiempo, escribiré la vida para desmorirnos, escribiré la libertad para desanudarnos y desnudarnos, dentro del aquelarre del poema, a la orilla del ser. Desnadarnos y qué corran alegres las cascadas, otrora hipnóticas, de la diosa Gaya. Detendré la palabra pájaro para sembrar una parvada en tu vientre, detendré la palabra lobo para inocular una jauría en tus muslos, detendré la palabra pez para embeber un cardumen en tu sexo.

Voy a hacer implosionar una orgía de estrellas en tu vientre.

Voy a escribir las perversiones más tiernas esta noche, escribir, por ejemplo, tus caderas son el muelle en el que quiero hundir todos mis soles, en el que quiero estrellar todos mis barcos, en donde quiero azotar todas mis olas. Escribir, también, una cartografía de besos y lengüetazos que vayan de tu nuca a tus nalgas, de tus nalgas a tus pies, de tus pies a tu pubis, de tu pubis a tus senos, de tus senos a tu boca y recomenzar. Trataré de ser inmanente y lúcido. Y haré disertaciones estúpidas sobre la comprensión, diré, por ejemplo, lo que hay que comprender de la noche es el insomnio, lo que hay que comprender del amor es su relatividad, lo que hay que comprender de la nada es que también la palabra nada, sobra. Y así sabré que lo escribí todo, pero todo, para hacer caer tus ropas.

Voy a detonar todas estas palabras una vez que estén en tu mente.

Voy a escribir un relato, parecido a este o éste, para recordarte justo ahora, como te recuerdo justo ahora y guardar ese recuerdo en un lugar seguro del corazón. Y hacer desmemoria de todas las demás cosas y olvidar todos los demás días. He llegado tarde (pero decidido) a tus besos. He demorado todas las mujeres para encontrarte, mujer. Y no te suelto. Y no me voy. Circundo tu nombre, aprendo tu rastro, descuelgo los planetas y los pongo a girar en tus caderas. Apapacho tus signos, tus silencios son mis amigos y escribo todo de nuevo para borrar, letra a letra, eso nunca dicho. Eso que algún día o alguna noche te diré callándome.

Marly II

Marly II

Estamos desnudos y vacíos, pero no un vacío occidental, no, por Dios, sino un vacío oriental: un vacío que se parece a la plenitud y que en ese parecerse (aparecerse) es plenitud, es estar llenos de vida y de muerte a la vez, sí dije de muerte, porque el placer también es eso, también consiste en eso, reconocer que uno se va a morir y que quizá después no haya nada, yo no quiero nada más, sólo quiero este pedacito de vida y tus besos, te digo al oído, te lo digo como dentro del sueño de un monstruo que a la vez es soñado por un Dios pecaminoso pero bonachón. Dios no puedo ser ni tan bueno ni tan malo, me dices y me besas las manos. Mis manos que están grandes y rechonchas y suaves, como las de un pianista gordo, o un escritor gordo, o mías que son tuyas, pero también largas como ciertas sílabas o diptongos, un día con estas manos, te digo, arrancaré dos estrellas del cielo y te las pondré de aretes. Entonces nos reímos como dos niños, o nos ponemos muy serios, como ante la palabra desolación. Te muerdo un hombro, acaricio tus piernas y me dices que la desolación no sólo encierra tristeza, sino también belleza. Un círculo de fuego que encierra belleza. Pero la palabra es otra, la palabra es hermosura, uno se siente desolado frente a lo que es triste y hermoso a un tiempo. Nos abrazamos, el calor de nuestros cuerpos es un poema kamikaze. Métemela hasta el fondo, me dices al oído con una sonrisa traviesa. Lo hago. Pero el fondo es otra cosa, el fondo es el doble, el espejo de otro fondo, una frontera que se traduce multiplicándose. Es como tratar de tapar el pozo de la muerte, mientras hacemos el amor alguien muere, ojalá que nadie que queramos, pero alguien muere, mientras escribo, mientras doy clases, mientras limpio las ventanas de mi habitación, alguien muere y es terrible y es terrible que algo muera también. Pienso en eso, en tanta muerte y sin embargo te penetro, se me viene a la mente la imagen de un cadáver hundiéndose en el fango, un cadáver siendo devorado por la tierra que es pura vida y uno arroja allí sus huesos que son pura muerte. Recíbeme, Espíritu santo de los Infiernos, digo a tu oído y me vengo dentro de ti, el semen como metáfora, la metáfora como semen. Estamos desnudos, lo dije o lo pensé, lo soñé (lo escribí) pero no desnudos con esa vulgaridad enfermiza de los tabloides, sino desnudos de verdad, desde el poema hasta la muerte, desde la nada hasta el centro del desamparo, desnudos como la verdad verdadera que en ciertas corrientes zen se opone a la verdad de la opinión común que está estructurada desde los medios de información. Estamos estructurados, ¿te lo he dicho? No te lo he dicho para no estristecerte; desde que nacemos nos dicen qué pensar, en quién pensar, qué sentir, con quién sentir. Si nos decimos rebeldes o ateos, sólo somos rebeldes o ateos respecto a esa estructura, o sea, sólo eres rebelde porque la estructura lo quiere y sólo eres ateo porque los ateos salvan a Dios, ¡es triste!, te lo dije, te lo dije… Lloro besando tu espalda, lamiendo tu culo, lloro encajando mis dientes en tu perfecto culo. No le tengo miedo a las palabras, a ninguna palabra, eso no me convierte en un monstruo. O tal vez sí. No dejes que me duerma si no me vas a despertar con tu voz, no me hables del frío si no me vas abrazar esta madrugada, tus piernas entrelazadas a mis piernas y tus manos en mi pecho y tus uñas hermosas acariciando. Encontraré una palabra que sea como mis labios besándote, una palabra que haga eterno mi beso y que te siga besando aunque estés muerta o renacida o hecha polvo. Mis besos inagotables dibujando tu silueta y deleitándose en esa alucinación de besos repartidos, de besos barcos de plata, de besos faros de niebla. Déjame ver tu belleza, doblarla y metérmela en la bolsa de la camisa, junto al corazón. Qué cursi, dirás, y tu sonrisa será el centro de un escrito, el alma de un poema. Mi cuerpo sirve para que estaciones tus besos y tus caricias, te diré como un secreto animal, tu desnudez es música, plenitud, mi lengua recorrerá tus muslos, mis besos se harán ancla en tu pubis, en tu vientre de luna trepidante, mis besos, mi amor, que son pensamiento y magia negra, tus besos, el cielo que envuelve todos los mundos posibles.